La ganadería que se desarrolla en la región es muy atrasada, no sólo es poco rentable en términos económicos sino también muy depredadora de los recursos naturales. El ganado (bovino, caprino y lanar) pasta sin control sobre grandes extensiones impidiendo la regeneración natural de los bosques, destruyendo nidos y madrigueras de mamíferos y compitiendo por el espacio y el alimento con las especies silvestres. La ganadería es una actividad familiar y al ser común practicarla de manera extensiva es permanente la presión sobre los terrenos forestales para convertirlos en pastizales; cuando el alimento del ganado escasea, generalmente durante la época de secas, los pastores prenden fuegos que muchas veces se salen de control y se afectan superficies boscosas.
Si bien ya no es una práctica común, todavía hay quienes introducen su ganado en el parque o que permiten que éste pastoree en él. Esta actividad impacta negativamente en el bosque pues el ganado compacta el suelo, transmite enfermedades y “ramonea”, es decir, se come los renuevos naturales o de las plantas reforestadas impidiendo la conservación o la restauración.
Para proteger las zonas reforestadas del ganado, la dirección del parque instala cercos electrificados, cercos tradicionales y guarda ganados, con lo que se obliga a estos animales a bajar a otras zonas fuera del área protegida.
También se han otorgado apoyos para cultivos forrajeros lejos del parque nacional que generen alternativas de manejo pecuario, como es la estabulación del ganado.
